Por 13 razones (13 reasons why)

 En Bullying

¡Hoy traigo un análisis de serie! Y es que en apenas dos días he visto “Por trece razones”, una nueva serie de Selena Gomez que podemos ver en Netflix y que me ha parecido fundamental para tratar el acoso escolar o bullying ( ciberbullying, claro).

La serie está basada en el libro “13 Reasons Why” y en ella vamos a conocer a Hanna Baker y su vida en el instituto. O más bien, su no-vida, ya que desgraciadamente Hanna sufría acoso escolar.

Y sí, hablo en pasado porque la historia de Hanna Baker vamos a verla así. Hanna se ha suicidado, pero antes, decide enviar sus trece razones a esas personas que le han hecho sufrir a lo largo de su vida en el instituto. Sí, suena duro, pero es que lo es. Parece mentira que aún nos suene irreal que una persona menor de edad piense en hacer eso. Que le hayamos hecho tanto daño que decida que ya nada importa. Pero pasa y creo que no hace falta que recuerde los casos que hemos vivido en nuestro país.

La serie duele desde el principio. Duele porque está entrando en nosotros. En nuestro pasado y presente y nos hace ver qué hacemos y hemos hecho mal y eso nos hace sufrir, pero sin duda es importante.

Antes de seguir con el post… aunque he tratado de no hacer spoilers, está claro que alguno nos llevaremos, aunque no hablo de personajes o actos concretos. Lo que sí hago al final del post es avisaros de lo dura que es y el tipo de contenido al que estamos accediendo, porque es importante que si alguien ha pasado por algo parecido, seamos cautos al verla. Dicho esto, al lío:

“Por 13 razones” te hace darte cuenta de que te hicieron daño y de que has hecho daño a alguien.

La verdad es que recuerdo como en el colegio era la diana de todos. Tenía sobrepeso, aparatos y gafas. Desde luego no entraba en el canon de belleza que vemos cada día en televisión y, obviamente, tampoco en el grupo de “populares” del colegio, así que ya nos podemos imaginar como terminaba la cosa.

Recuerdo, especialmente, el día que alguien pintó con lápiz en la pared del recreo un “Vanesa gorda” bien grande. Cuando me quejé a mi tutor, su respuesta fue la siguiente:

“Hay más Vanesas en el instituto, no tienes por qué ser tú”.

Seguro que no os sorprende saber que realmente era la única Vanesa en el instituto. Y que mientras hablaba con mi tutor, la persona que había escrito ese mensaje se reía de mí delante suya. Pero nadie hizo nada.

Sin embargo, la serie no me ha hecho sentir mal por eso. Me ha hecho sentir mal porque, si el colegio a veces es una jungla, el instituto lo es el doble. Y claro, cuando llegué allí decidí que tenía que ser una persona diferente. Que era mi oportunidad para dejar de ser la diana. Así que cuando llegué el primer día y vi que había otra chica de la que ya se estaban riendo, me relajé. Supe que yo ya no sería la diana y participé en la dinámica en la que todos hemos participado alguna vez. Esa que nos hace ser testigos de situaciones en el instituto de las que no hablamos nunca y, por supuesto, acabé participando en alguna ocasión. Sí, como seguramente la mayoría de los que me leen, yo he sufrido bullying, pero también me pasé al otro lado de vez en cuando. Porque cuando miramos sin intervenir estamos siendo partícipes del acoso, pero a veces se escapaba alguna burla, claro.

No sé qué será ahora mismo de la chica a la que todo el curso le amargó la vida ese año, pero, lo primero por lo que la serie me ha dolido es por esto. porque remueve conciencias. Y creo que es importante remover nuestra conciencia para mejorar.

Los puntos de vista

“Por 13 razones” nos hace ponernos en la piel de todos. Sí, hasta de los agresores. Vemos como,  algunos sin ser conscientes del daño que hacen (creen que Hannah exagera, o que no era para tanto, no empatizan) y otros siéndolo completamente, pasan su día a día mientras saben qué pasó con Hannah. Algunos terminan convirtiéndose o son víctimas de otras situaciones, otros, simplemente, han querido ser los graciosos de turno.

Como decía antes, el instituto termina siendo una jungla con dinámicas de poder en él. Hay privilegiados que terminan estando encima de todos, y luego llegan los demás. Todo depende de tu género, tu orientación sexual, tu cuerpo, tu color de piel, tu salud…. En función de cada item de la lista anterior estarás en una posición o en otra. Y, obviamente, el que queda abajo es el que pierde. ¿Dónde habrán aprendido esto, eh? No se me ocurre.

Para mí es importante que esta dinámica se presente en la serie porque nos hace entender cómo funcionan las cosas. Nos hace ver que en realidad, para mejorar en este aspecto debemos saber cómo atender a la víctima, al agresor y a los testigos, porque todos necesitan saber algo, todos necesitan aprender.

La víctima necesita saber que no es culpa suya. Necesita ganar su autoestima y autoconfianza. Necesita no caer en depresión. Los testigos necesitan habilidades sociales, necesitan trabajar la empatía y el respeto a lo otro. Necesitan saber lo importante que es contar con alguien, tener amigos, protegerse los unos a los otros. Y los agresores, por supuesto, necesitan empatizar, tener habilidades sociales, trabajar la impulsividad o la falta de autocontrol. Todos, absolutamente todos, necesitan salir de esa dinámica de poder, así que hemos de saber cómo modificarla y por qué la ponen en práctica, de dónde viene el ejemplo (de esto hablaremos a continuación). Saber bajar al de arriba, que se siente con privilegios sobre el resto, y subir a los de abajo para que vuelvan a adquirir sus derechos.

Culpables

Hay algo más por lo que “Por trece razones” me ha dolido. En ella vemos los puntos de vista de todos, pero… también somos capaces de ver quién es el culpable (podéis elegir cambiar esta palabra por “responsable”, que quizá nos haga sentir mejor).

Y desde mi punto de vista, está claro que somos los adultos. Y no hablo de la situación de Hannah, hablo del acoso escolar en general. Enseñamos a los más pequeños que competir supone destruir al otro. Les enseñamos que gritando conseguimos cosas, que acosando conseguimos cosas. No somos una sociedad ejemplo. O al menos, no lo que deberíamos.

En nuestros libros de texto escribimos lo importante que es respetar a todos pero, en el día a día, acabamos siendo machistas, racistas, homófobos… sin darnos cuenta. Tenemos esas microconductas (o no tan micro) tan interiorizadas que ni las vemos y acabamos transmitiéndolas de generación en generación. Triste ¿verdad?

Pero si la sociedad en general es culpable por ejemplo que damos y la poca importancia que tienen para nosotros los casos de acoso escolar “mi hijo no haría eso”, “son cosas de niños”, aquí quiero hablar de otro espacio en el que creo que no hacemos bien las cosas.

Quiero que se me comprenda, porque sé que lo que voy a decir puede ser duro y, desde luego, abrir heridas. Soy plenamente consciente de la falta de recursos en los centros educativos. De la cantidad de horas de trabajo burocrático que termina sin llevar a nada pero que, claramente, consumen ese tiempo que podríamos dedicar a otras cosas. Soy muy consciente de que necesitamos más recursos y creo que es uno de nuestros principales problemas.

Y aquí viene el “pero”.

Llevamos años con un plan de convivencia escrito sobre el papel que en pocas ocasiones llevamos a la práctica (enhorabuena a quienes lo hacéis). Años hablando de bullying pero volviendo la cara hacia la posible existencia del mismo en nuestro centro. Porque ¿cómo vamos a decir que en nuestro centro hay acoso escolar?

Diciéndolo, amigos, diciéndolo.

Para trabajar un problema es importante detectar una necesidad. Si eres pedagogo/a te lo habrán dicho en clase y estoy segura de que mis compañeros de cualquier rama educativa o de psicología también lo sabe. Si no somos capaces de reconocer el problema, difícilmente llegaremos a una solución. Negar el problema hace que éste termine apareciendo tarde, cuando ya el trabajo es más complicado y la vida de la víctima está marcada. Cuando hemos llegado al límite y nos encontramos con que nuestro centro tiene una denuncia y, entonces, ahí si, aparecen las excusas.

Sí, como decía, soy consciente de que hay poco personal que pueda vigilar el patio. Que no hay apenas tiempo para programar actividades. Que estamos desbordados. Pero eso no elimina el problema. Desde la adminsitración educativa debería empezarse a trabajar en ello. A evaluar la situación y ver qué recursos necesitamos abajo, qué tenemos que trabajar y cómo vamos a hacerlo.

Sé que no todos los centros son como estoy describiendo. Es obvio. Sin embargo el tirón de orejas me parece más que necesario. Señores, estudiamos nuestra carrera por algo. Elegimos nuestra vocación por una razón. La mía fue ayudar a los demás, hacerles crecer. Y si ante una situación de acoso escolar decido que “son cosas de niños” y ante una denuncia de unos padres apelo a “pasó fuera del centro”, desde luego mi vocación se ha ido de mi vida. Pase algo fuera o dentro del centro, son nuestros alumnos. Y hemos de saber intervenir porque, sabemos que cuando se da un acoso fuera del dentro, el conflicto a empezado dentro del mismo. De esto esto al 100% segura. 

Así que nosotros, los adultos, somos los culpables. Porque no hemos sabido atender una situación a tiempo. Porque no hemos tenido mecanismos para detectarla y, porque cuando se detecta tarde, termina siendo un espectáculo mediático en el que solemos escuchar siempre las mismas excusas.

Desde mi punto de vista, “Por trece razones” es una serie para que los adultos seamos capaces de ver en qué fallamos. Ojo, la serie nos hace incomodarnos. Hay escenas durísimas que tendremos que ver y recomendaría informarte antes del contenido sensible que se va a ver durante la serie ya que sé que algunas personas quizá no deban enfrentarse a visualizar ciertas escenas. La serie nos muestra el acoso escolar, sí, pero a veces pensamos en él como en un “todo” y no pensamos en qué tipos de situaciones comprende. En este aspecto se nos muestran bastantes: acoso verbal, físico, sexual… violaciones… y un suicidio bastante gráfico. Sí, Por trece razones nos incomoda y pretende concienciar, pero ese tipo de contenido puede que afecte a personas que han pasado por diversas situaciones, por lo que, cuidado con lo que vemos y lo que queremos enseñar a los demás porque, como hemos aprendido con la serie, a veces no tenemos ni idea de por lo que el resto ha pasado o está pasando.

Este post analiza lo más superficial de la serie. Podemos tener otros muchos análisis, pero eso os lo dejo a vosotros.

Ahora, nos queda trabajar ¿nos ponemos manos a la obra?

 

Si la veis, os recomiendo ver también el contenido extra en Netflix: “Por trece razones: más allá de las razones”, en el que actores, productores y profesionales en salud mental comentan la serie.

 

 

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