Educación emocional: La tristeza

Normalmente, entendemos la tristeza como una emoción negativa que vivimos cuando perdemos algo o dejamos de tener acceso a una meta, se trata de una reacción ante una situación complicada que se caracteriza por un “decaimiento en el estado de ánimo habitual de la persona que se acompaña de una reducción significativa en su nivel de actividad cognitiva y conductual” (Fernández, 292). Aunque entendamos esta emoción como algo negativo, en realidad, es una de las emociones que nos ayudan a defendernos de los estímulos negativos del entorno. La tristeza nos es útil, pero, ¿para qué?

Utilidad de la tristeza

– Nos ayuda a reflexionar sobre nosotros mismos: cuando vivimos momentos de tristeza solemos analizarnos e intentar comprendernos. 
– Hace que seamos capaces de mejorar nuestras habilidades sociales: tendremos la posibilidad de sentir empatía. Somos capaces de comprender la emoción que está sintiendo el otro porque, es una emoción que nosotros también hemos sentido, aunque esto cambiaría en función de nuestra capacidad empática.
– Nos ayuda a  mejorar vínculos con los demás. Algunas teorías indican que al expresar esta emoción, el ser humano tiende a apoyarse y recibir apoyo, lo que supone la mejora de vínculos sociales.
– Aprendemos sobre nosotros mismos y nuestro entorno: cuando entendemos que la tristeza no sólo es una emoción normal, si no también básica y necesaria, nos entenderemos un poco más a nosotros mismos y tendremos herramientas para mejorar.
-Algunos estudios hablan de otras utilidades de la tristeza, como aumentar la perseverancia.
– Nos ayuda a combatir momentos complicados, es nuestra respuesta a ellos y es una parte de la adaptación a las circunstancias negativas que nos ocurren.

Recomendaciones

1. No te recrees en ella:
Aunque ya sabemos cómo de útil puede ser sentirnos tristes, es necesario entender que no es bueno recrearse excesivamente en ninguna emoción. ¿Qué quiero decir con esto? Que es importante vivir las emociones sin convertirlas en un tabú, pero no alargar su vida. En ocasiones, solemos tender a recrearnos en sentimientos de tristeza o ira: es necesario que aprendamos a dar a cada emoción su espacio, pero no hacerlas el centro de nuestra vida diaria. 
2. Deja espacio a tus emociones:
Como decía anteriormente, es necesario dejar un espacio a nuestras emociones. Saber convivir con la tristeza y dejarla aparecer sin que suponga una muestra de debilidad es esencial. Debemos entender que estar tristes es un proceso más que debemos vivir, y cuanto antes entendamos su utilidad y comprendamos que a veces, es necesario estar tristes, menos frustración sentiremos cuando aparezca esta emoción en nuestras vidas.
3. Aprende a expresarla:
Expresar nuestros sentimientos es muy importante. En el caso de la tristeza, el cómo vivimos la emoción dependerá de cada persona, sin embargo, nos será más sencillo entendernos y que nos entiendan si aprendemos a verbalizar y mostrar lo que sentimos. Para ello, podemos usar diferentes técnicas como escribir una carta a aquello que hemos perdido o que nos produce esas sensaciones. 
Además, para diferenciar entre emociones, verbalizar y comprender correctamente nuestros sentimientos, aconsejaría “El Emocionario“, libro sobre el que ya hemos hablado en otros posts.

¿Qué hacer cuando los niños y niñas están tristes?

– Entender que es una emoción normal: dejarles espacio, que puedan vivir la emoción.
– No etiquetar la tristeza como un tabú o una emoción negativa.
– Enseñarles a expresar sus emociones.
– Trabajar el concepto de tristeza a través de libros y películas, que nos permitan entender su utilidad.
– Dejar un espacio para que puedan expresarse en familia. Se trata de establecer un momento en el que se sientan cómodos para exteriorizar lo que sienten. 

Como nota final…

Para mí es importante decir que en este post estamos hablando sobre la tristeza como una emoción. No hablamos de estados de depresión ni de otros procesos que tienen la tristeza como un síntoma recurrente y no como una emoción más o menos aislada. Es importante que sepamos diferenciar entre esos momentos de emociones tristes y depresiones, trastornos de ansiedad… etc. en los que necesitaremos apoyo de un profesional.

Bibliografía:
Fernández Abascal, Enrique G. (2010) Psicología de la emoción. Editorial Centro de Estudios Ramón Areces: Madrid.

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