Educar para la no violencia: Educación infantil y primaria.

Aunque en la mayoría de ocasiones al hablar de “violencia” en los hijos nos vienen a la mente imágenes de programas televisivos como Hermano Mayor, o relacionamos el concepto con adolescentes, la violencia va bastante más allá y no es un problema puntual. No es un suceso aislado. Se trata de un comportamiento que se ha aprendido como modo de resolver los problemas, expresar nuestro inconformismo o nuestra falta de empatía, autocontrol y tolerancia a la frustración.

Siguiendo a Javier Urra en “Respuestas prácticas para padres agobiados” este aprendizaje del que hablamos comienza en la infancia, cuando sobreprotegemos a los más pequeños: cuando cogen una rabieta, en seguida les concedemos aquello que desean, ya sea por evitar la escena o porque nos sentimos mal, pensamos que estamos haciéndoles sufrir y que debemos darles aquello que demandan. Así, creamos personas que saben que, cuando quieren algo, sólo tienen que usar ciertas estrategias para conseguirlo.

Además, continuamente transmitimos este modo de comportamiento a los más pequeños a través del ejemplo: gritamos, damos golpes cuando nos enfadamos, soltamos algún que otro insulto… Todo ello, claro, sin darnos cuenta de que tenemos público y la mayoría de veces en situaciones en las que nos ganan los nervios.

Para colmo, en la mayoría de ocasiones no seleccionamso el contenido que vemos en televisión, los libros que leemos o los videojuegos a los que juegan. No nos vayamos a malentender: ni la televisión, ni los libros, ni los videojuegos son malos. El problema es cuando los adultos no somos capaces de seleccionar contenido adecuado a la edad de los pequeños, sin pensar que aunque nosotros sabemos separar realidad y ficción, quizá nuestros hijos no sepan.
Menciono a los libros, porque hace poco pude leer una crítica de Iria G. Parenta al libro After, de literatura juvenil con la que estoy de acuerdo. Hablaré sobre el tema en otro post, pero quería dejarlo por aquí porque igual que abrimos debate con TV y videojuegos, deberíamos abrirlo con todo tipo de contenido al que acceden los más pequeños y para el que puede que no estén preparados.

Toda esta receta de la que hablo, se convierte en ocasiones en algo sin importancia y poco a poco, al igual que se adquieren estos “antivalores” también se adquieren algunos otros que ayudan a que la persona comprenda que el uso de la violencia no es para nada, una forma de reaccionar ante las adversidades. Sin embargo, hay personas que no pasan por lo mismo y que crecen creyendo que este tipo de respuestas violentas son las que funcionan.

Por ello, en este post quería dar algunos consejos para educar en la no violencia desde la familia. Son claves muy básicas y que a priori todos podríamos pensar, pero a veces es necesario recordar estas cosas que a veces creemos que tenemos tan interiorizadas:

1.- No culpes a otros de sus actos.

Puede parecer un consejo muy “tonto”, pero en numerosas ocasiones veo como cuando algún niño se mete en un lío, o se comporta de manera inadecuada, algunas las familias tienden a culpar de la situación a cualquier otra persona: si ha sido una pelea, la culpa es del otro niño/a; si han regañado a mi hijo/a es porque esa persona es le tiene manía, es una maleducada o no aguanta a los niños; etc…

Ojo, no es algo que se haga siempre, pero debemos reflexionar cuando los pequeños hacen algo mal, hacerles ver en qué se han equivocado y hacerles pensar sobre el tema en lugar de exculparles, es más que necesario para que comprendan que ciertas conductas no son apropiadas, además de comenzar a trabajar en la empatía, tolerancia a la frustración y autocontrol y gestión de las emociones.

Analizar la situación en conjunto, pensar qué hemos podido hacer mal y cómo podemos solucionarlo, ayudará a que la situación mejore. Es importante que sepan perdonar, asumir errores y reconocerlos.

2.- Educar en valores cívicos.

Aprender a convivir en sociedad, a pedir perdón, das las gracias, pedir por favor… es también algo clave. Sí, parece algo obvio, pero es la expresión más básica de la educación cívica que debemos trabajar. Comprender que cada persona merece respeto y que éstos son gestos que ayudan a mejorar la convivencia, es vital.

3.- Educar para la diversidad.

Lo incluyo aquí porque cada vez veo más comentarios salidos de tono en cuanto a otras razas, religiones o personas con capacidades diferentes y eso me aterra. Me aterra porque esas personas sin darse cuenta, están transmitiendo a los más pequeños algo verdaderamente horrible. No creo que tenga que explayarme en este punto, la verdad, si no hacéis comentarios así probablemente no necesitéis este consejo, y si lo hacéis probablemente no entendáis por qué es tan malo.

Es un tema controvertido y que a mí personalmente, me toca bastante la moral, pero creo que enseñar a los más pequeños que todos somos iguales y que todas las personas merecen respeto es lo mínimo que podemos hacer.

4.- Educar en derechos humanos.

Otra cosa básica, basiquísima. Que comprendan qué son los derechos humanos y se comporten respetándolos es algo que no nos planteamos, lo asumimos como lógico. Sin embargo, estaría bien que fuese una actividad normalizada en la familia.

Para ello, existen recursos online que os pueden ayudar, como Aventura Fascinante.

5.- El valor del esfuerzo y la responsabilidad.

Entender cómo se ganan las cosas y cómo hemos de ser, es muy importante. Entender que para conseguir cosas no basta con utilizar a los demás, comportarnos mal o gritar, y que hemos de ser responsables con nuestros comportamientos: cada cosa que hacemos, tiene una repercusión. Si van a recibir un regalo o decidimos que no debemos dárselo, debemos también expicarles el valor de las cosas, lo que cuesta conseguirlas y el por qué la reciben o no, y más importante: qué deben cambiar para mejorar.

Obviamente, en muchas ocasiones los niños acuden a comportamientos violentos como forma de expresión. No se trata de reprimirles, sino de enseñarles otras formas de expresarse. Por ello es importante que además de estos cinco puntos, tengamos en cuenta la educación emocional que reciben, que aprendan a entender sus sentimientos y expresarlos de manera no violenta es esencial.

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