Estilos parentales.

Los estilos parentales o de crianza representan tendencias generales de socialización entre padres e hijos (Gracia, García y Lila, 2007). Estos son importantes porque es en el marco de las relaciones familiares y de la comunicación familiar que con ellas se propicia donde se educa. Por tanto, el estilo parental de cada familia influirá en el desarrollo de la personalidad de los hijos.
Los estilos parentales se suelen clasificar atendiendo a una serie de variables:
Juan Antonio Rus (2002), enumera las siguientes variables:
– Mayor o menor ejercicio de la autoridad.
– Mayor o menor ejercicio de la exigencia.
– Existencia o no de razones lógicas que sustenten las acciones de los padres.
– Nivel de cariño.
– Nivel de organización.
– Dejar hacer.
– Diálogo.
– Ausencia de límites.
– Ausencia de retos para los niños.
En semejante sentido se pronuncian Maccoby y Martin (1983) quienes estructuran los estilos parentales en función de dos dimensiones:
– El control, supervisión, y exigencia que ejercen los padres sobre los hijos.
– El afecto, la sensibilidad en las relaciones padres – hijos.
A partir de éstas dimensiones Maccoby y Martin (o. c. p.) ofrecen la siguiente clasificación:
1. Padres con autoridad. Relación equilibrada entre control y sensibilidad, padres responsables y democráticos.
2. Padres autocráticos. Padres poco afectivos y con un alto nivel de control y exigencia sobre sus hijos.
3. Padres permisivos o indulgentes. Padres con un nivel de afectividad muy alto, que no ejercen ningún control sobre sus hijos,
4. Padres indiferentes. Padres que no dedican ni tiempo ni esfuerzo a sus hijos (Rodríguez, 2004) desentendidos con sus responsabilidades.
Torio, Peña y Rodríguez (2008 pp. 156 – 161) nos muestran a su vez, tres categorías en los estilos parentales en buena parte coincidentes, o al menos concordantes con los propuestos por Maccoby y Martin:
  • Estilo autoritario: En el que los padres ejercen su autoridad, restringiendo la autonomía de los hijos y manteniéndolos en un nivel de subordinación. Los padres en este estilo mantienen en el hogar unas normas rígidas, con el uso del castigo en caso de no ser cumplidas. La comunicación es totalmente unidireccional, sin posibilidad de feedback. El poder corresponde a los padres. Las exigencias hacia los hijos suelen ser bastante elevadas, no existen razones lógicas que rijan las normas y los límites están muy marcados, eliminando así la autonomía del menor. Los menores que crecen en este entorno desarrollan baja autoestima, poca autonomía personal, impulsividad, falta de autocontrol…
  • Estilo democrático. Este estilo supone la existencia coherente de afecto, exigencias y normas. Los padres democráticos se caracterizan por: gran sensibilidad hacia las necesidades del niño, sentimiento de responsabilidad parental, existencia de razones coherentes para establecer el sistema de normas, promover la conducta más deseable para sus hijos, comunicación abierta y diálogo familiar. Los hijos que viven en un hogar con el estilo democrático se caracterizan por tener una competencia social alta, además de una autoestima y autoconcepto fuertes. La responsabilidad y la autonomía son también muy altas, por lo que los hijos tienen, además, un buen nivel de iniciativa.
  • Estilo permisivo. Este estilo se subdivide en dos: permisivo negligente y el permisivo indulgente. En el permisivo negligente, los padres muestran indiferencia ante los hijos y sus conductas. No existen exigencias, normas, ni límites. No atienden a las necesidades. Existe un alto nivel de pasividad y permisividad. Ésta se debe a que toleran los impulsos de los niños y no existe el castigo para ellos. Normalmente, acaban cumpliendo todos los deseos de los hijos. En el estilo permisivo indulgente, los padres no se implican emocionalmente con los hijos, invierten en los hijos poco tiempo y no hay una madurez parental para llevar a cabo su labor. También existe un alto nivel de  pasividad y permisividad. Los padres de este estilo permisivo, sin embargo, sí atienden a las necesidades de los hijos.
    Los hijos de padres permisivos, tienen una baja competencia social, bajo autocontrol, escasa capacidad de esfuerzo y responsabilidad, carencias de autoconfianza. Suelen ser, además, inmaduros.
Más recientemente Ballenato (2011), nos muestra otra posibilidad de clasificar los estilos educativos parentales:
  • Estilo Pasivo o inhibido: Son padres que normalmente acaban “sometidos” a sus hijos, sin capacidad para establecer unas normas en casa o expresar sus opiniones a sus hijos. Este estilo estaría muy relacionado con el modelo parental permisivo, en el que no existen unas normas, y todo se basa en un “laissez-faire”.
  • Estilo agresivo o impositivo: Se encuentra claramente relacionado con un modelo parental autoritario, padres que imponen a sus hijos las normas, muy estrictos y normalmente sin muestras de afecto, con un nivel de exigencia muy alto.
  • Estilo asertivo o dialogante: Se trata del tipo de comunicación que existe en el modelo democrático. Comunicación que incluye a las dos partes (padres e hijos). Existen unas actuaciones coherentes y claras. Características como la tolerancia, la seguridad y el liderazgo son claves en este tipo de comunicación que siempre se plantea bidireccional a través del diálogo.
 Como decíamos anteriormente, los estilos educativos parentales inciden en el niño y en su personalidad. Así, siguiendo a Torio, Peña y Rodríguez (2008), en la investigación actual sobre estilos educativos parentales hay que ver cómo estos afectan a las cualidades del niño como el rendimiento académico, la autoestima, el estatus social, la configuración de un sistema de valores (característica especialmente importante para nuestro trabajo), la competencia psicosocial, el nivel de autorrealización y finalmente los hábitos de vida y el comportamiento.
Como vemos, hacen mención los autores, al sistema de valores del niño como variable determinada por el estilo educativo. En este sentido, apostamos aquí, para una transmisión de valores coherentes y en consonancia con la Declaración Universal de los Derechos Humanos y con nuestra Constitución por un estilo educativo democrático, ya que creemos que es el mejor contexto o clima donde pueden adquirirse estos valores.
Sin embargo, debemos comprender también que estos estilos no son excluyentes entre ellos. Seguramente, si observamos a cualquier familia de nuestro alrededor, veremos características relacionadas con estilos autoritarios, permisivos y democráticos. Es decir: los modelos analizados constituyen arquetipos con los que difícilmente la mayoría de las familias se identificarán en estado puro. Puede además darse el caso de que mientras el padre es más próximo a uno de los modelos, la madre se acerque más a otro; o que una familia nuclear pase a ser monoparental o reconstituida, con los que se produce un cambio de modelo, por lo que la acción educativa con las familias debe considerar esta variabilidad (Vázquez, Sarramona y Vera, 2004, p. 64). Nuestro esfuerzo, radica, además en hacer que las familias adquieran cada vez más características de un estilo democrático, teniendo en cuenta su realidad, y conociendo qué conglomerado de características tiene cada familia considerando, como hemos dicho, que ninguna familia tiene un estilo parental único.
 Hasta aquí llegamos hoy, espero que sepáis diferencias los tres principales estilos parentales… y que sepáis identificaros en ellos, ya sabéis, si podéis acercaros a tener un estilo democrático, mejor que mejor. Pronto veremos materiales y entradas para reflexionar sobre el tema.
¡Hasta el miércoles!
Referencias:
BALLENATO, G. (2011) Educar sin gritar. Madrid: La esfera de los libros.
GRACIA, E. GARCÍA F. y LILA, M. (2007) Socialización familiar y ajuste psicosocial: Un análisis transversal desde tres disciplinas de la psicología. Valencia: Universitat de València.
MACCOBY, E. E., y MARTIN, J. A. (1983). Socialization in the context of the family: Parent–child interaction. En MUSSEN, P. H. y HETHERINGTON, E. M. Handbook of child psychology: Vol. 4. Socialization, personality, and social development. Nueva York: Wiley, pp. 1 – 101.
RUS, A. (2002) La magia de educar en casa: Razones de amor. España: Cedecs.
TORÍO, S. PEÑA, J. V. y RODRÍGUEZ, M. C. (2008) Estilos educativos parentales. Revisión bibliográfica y reformulación teórica. Teoría de la educación. 20, 151-178.
VÁZQUEZ, G. SARRAMONA, J. y VERA, J. (2004) Familia, educación y desarrollo cognitivo. En SANTOS, M. A. y TOURIÑÁN J. M. (coords) Familia, educación y sociedad civil. Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela. (pp. 29 – 87).
Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail
Posts recomendados

Deja un comentario