Hablamos de educación con Tiching.

La reflexión en educación es más que necesaria. No sólo para evaluar lo que no hacemos bien, también para ser capaces de evolucionar, de entender otros puntos de vista, abrir mentes y crear nuevos ambientes educativos. Está claro que la legislación es una especie de cuerda que termina atándonos, sin embargo, promover la reflexión y mejora profesional siempre ayuda a que cambiemos esos pequeños detalles de nuestro trabajo diario. A que mejoremos pequeñas cosas que, al final, repercuten en la visión global del panorama educativo (y con suerte, en la legislación).

Hoy, vamos a hablar del libro “Hablamos de educación: Reflexiones educativas para cambiar el mundo” que nos trae Tiching. En él nos muestran las 30 entrevistas con más impacto en el blog de la plataforma. Esas que nos han gustado más y que merecen tener su hueco en nuestra estantería (sin desprestigiar a las 140 entrevistas (y subiendo) que también son dignas de mención). En Hablamos de Educación descubriremos poco a poco la visión de personas tan inspiradoras como: Daniel Goleman, Howard Gardner, Francesco Tonucci, Inma Martín, Dolors Reig o Roser Batlle en torno a motivación, innovación, metodología educativa, nuevas tecnologías, competencias, y (mi favorito) valores.

Y, por más que pueda sonar a manual, se trata de un libro inspirador, liviano, que invita a relajarte mientras lees las entrevistas y reflexionar sobre la práctica cotidiana. Personalmente, he aprendido muchísimo con la lectura y me ha resultado ideal. Leyendo sus páginas no he tenido la sensación de “leer para el trabajo”, al contrario, me resultaba algo más personal y espero que vosotros también tengáis esa sensación.

Vamos a hacer un repaso a mis reflexiones durante la lectura del libro en torno a cada tema. No pretendo romper la magia de vuestra lectura, simplemente arrojar preguntas que tal vez os sean útiles cuanto terminéis cada apartado. Pequeñas reflexiones que yo he realizado a raíz de lo leído y que tal vez puedan haceros pensar también. No quería que este post fuese solo una recomendación, quería que experimentaseis cómo el libro nos hace reflexionar.

Sobre la motivación

Una de las cosas más importantes que siempre he creído que lleva la motivación es lo emocional. Al final, creo que lo que nos hace motivarnos son las emociones que sentimos cuando hacemos aquello que nos apasiona. En relación a esto reflexionaréis en este apartado del libro y la verdad es que he visto como, entrevista a entrevista, todo iba encajando.

Está claro que la forma de motivarnos ha cambiado a través de nuestra historia. Vivimos en una sociedad plagada de estímulos en la que hemos de tener tiempo para respirar. Para soltar ese suspiro que no sabíamos que estábamos aguantando. Es importante saber concentrarnos y mantener el foco, conocernos a nosotros mismos, nuestros talentos y pasiones para vivir esa experiencia emocional que tanto nos gusta con lo que hacemos. Es vital que, la sociedad como tal comprenda este concepto y sea capaz de transmitir esta capacidad emocional y de concentración, sin olvidar nuestro contexto y los estímulos que nos rodean, pero sabiendo priorizar cuando es necesario. Trabajar nuestra creatividad es también esencial cuando algo nos motiva. Se convierte en parte de ese motor y, por ello, aprender a usar el aburrimiento desde un punto de vista positivo, como un catalizador de nuevos enriquecimientos es muy importante.

Como decía anteriormente, la sociedad avanza, nuestra forma de motivarnos también pero… también nuestras herramientas. Las nuevas tecnologías, sin duda, se han convertido en una herramienta que hemos de saber integrar y usar. En este sentido… ¿las usamos bien? ¿favorecen el interés por el aprendizaje? Estoy segura de que si habéis leído el libro, tendréis las mismas preguntas que yo.

Sobre la innovación

En las entrevistas relacionadas con la innovación todo sigue encajando. La innovación, para mí, siempre ha sido esa necesidad de mirar al futuro. De saber anteponerse a lo que viene y ser capaces de hacer algo respecto a ello en el ahora. No solo en resolución de problemas, también en cambios sociales que son naturales pero, para los que debemos estar preparados. La innovación es algo más que necesaria en una sociedad tan acelerada como la nuestra, no debemos olvidarla.

En este sentido, en educación es vital comenzar a analizar la sociedad actual y hacia la sociedad que vamos, para tratar no solo de solucionar futuros problemas, también de adaptarnos a lo que viene. Como llevamos diciendo los profesionales en educación mucho tiempo, vivimos en un sistema educativo de la época industrial. Un sistema educativo de otro tiempo que está desarrollando la personalidad de nuestro futuro. La verdad es que viéndolo así, no tiene mucho sentido ¿no?

Además de analizar y anteponernos a lo que viene, también es necesario comenzar a ver la educación desde una perspectiva más personalizadora. Evidentemente, esta afirmación es utópica, lo sé. No hay medios para ello ahora mismo. Pero cada vez comenzamos a comprender algo más que hemos de descubrir los talentos de cada persona, que cada uno debe desarrollarse conforme a una cultura básica que nos ayuda a organizarnos después, sí, pero que cada persona es diferente y evaluar de forma general empieza a no ser ni eficaz ni efectivo para los alumnos. Se trata de reconceptualizar lo que entendemos por educación, tanto en centros educativos como en la sociedad en general.

¿Cómo hacerlo? Bueno, para ello habrá que recurrir a las entrevistas del libro, sin duda inspiran muchísimo y ayudan a comprender dimensiones de la educación que, en ocasiones, perdemos de vista en nuestro ajetreo diario.

 

Nuestra metodología

Muy en consonancia con la innovación, en la metodología encontramos también la necesidad de cambio y mejora. Y volvemos con la idea de la reconceptualización de la educación. Necesitamos que la educación no esté aislada del mundo que la rodea. Ver los centros educativos como una herramienta y no como un objetivo en sí. Como una guía para los alumnos que a él asisten.

Es importante, en este aspecto recordar lo que ya venía escribiendo anteriormente: conocer la pasión de los alumnos es fundamental. Y aprovechar ésta para que adquieran habilidades que mejorarán su vida más allá del éxito académico también.

Durante todas las entrevistas del libro vemos cómo se valoran las nuevas tecnologías como una herramienta que hemos de saber usar, pero dentro de las aulas tenemos otra “herramienta” de la que a veces nos olvidamos. Y es que el profesor o la profesora no deben ser contenedores de conocimiento que enseñar a los alumnos. Deben ser guías, saber acompañar al alumnado en su camino hacia su desarrollo, no ser meros actores en el proceso si no los que sacan partido y crean el propio proceso en sí: los directores de orquesta. Justo por esto es necesario no sólo el reconocimiento social del papel del profesor/a, también el cuidado en la legislación y la formación del profesorado. El mimo hacia la profesión que hará que ellos mismos quieran ser los directores de orquesta de los que hablábamos y no sentirse un actor más de una película ya gastada.

Las nuevas tecnologías

Durante todo el artículo os he estado contando como, las nuevas tecnologías son una herramienta. Que nosotros debemos saber utilizar, como guías, para crear nuevas metodologías y experiencias para el alumno.

Con las nuevas tecnologías han aparecido metodologías que cambian el papel del alumno. No, no son sujetos pasivos que van a recibir información a un centro educativo. Deben ser los protagonistas. Los responsables. Es vital brindarles una experiencia llena de emociones y momentos que les ayuden a desarrollar sus habilidades y descubrirse a sí mismos. Con sus limitaciones y su potencial. Eso les hace únicos y hemos de procurar mimar la metodología que viven en el centro. Trabajar más en el método y menos en los resultados de excelencia que, últimamente, tanto se busca.

El problema es que aún no nos lo terminamos de creer. O, eso me parece. Da la impresión de que aún no sabemos cómo usar las nuevas tecnologías, aunque sí que lo sepamos. El problema, definitivamente, no es ese. Se trata, por un lado, de cómo se maneja la integración de las mismas en las aulas: las herramientas de las que disponemos y, por otro, de la formación en nuevas tecnologías y metodologías en educación. Como bien dice Dolors Reig, la tecnología no es una opción. Acaba llegando a nuestras vidas queramos o no. La tecnofobia no es una opción tampoco. Hemos de conocer la herramienta, saber usarla y formarnos para ello. Aprovechar la oportunidad.

Competencias

Indicaba anteriormente la importancia de las habilidades. De aprender a hacer. Sí, necesitamos conocimientos, pero no podemos olvidar las habilidades, las competencias, precisamente.

Hemos de acercar a los alumnos a los problemas reales del contexto. La resolución de problemas como herramienta básica para adquirir competencias es clara, pero los problemas aislados no nos ayudarán a, precisamente, contextualizar las aulas más allá de la burbuja de realidad que suponen ahora mismo.

Para conseguir este cambio en el aprendizaje, esta perspectiva desde las competencias, necesitamos un cambio en toda la metodología educativa. No solo se trata de integrar la resolución de problemas o el aprendizaje basado en proyectos. Hemos de incorporar también nuevas metodologías de evaluación y nuevas formas de hacer protagonista al alumno. Hacer al alumno consciente de su aprendizaje y su evolución.

Sobre los valores

Y llegamos al final del viaje que nos ofrece Tiching con una serie de entrevistas sobre los valores. Los que seguís el blog de hace tiempo ya sabéis que es mi tema favorito. Aquel al que dediqué un año de trabajo con mi tesina en la Universidad de Granada.

Para aprender y enseñar valores necesitamos incorporar a las aulas la experiencia. Aprendemos valores a través de las vivencias y estas, se encuentran en nuestro contexto. El centro educativo no puede permanecer impermeable ante lo que se mueve a su alrededor. Hemos de involucrar al alumnado en esas experiencias que les harán hacer de los valores algo suyo. Integrarlos en su jerarquía y desarrollarse de manera integral. En este sentido, ya podemos ir más allá de la educación formal: hemos de vivir los valores en todas las esferas de nuestra vida: desde el contexto familiar hasta la sociedad en sí. En este sentido, es importante que esas vivencias estén cargadas de emociones y que además, sepamos educar al alumno en las mismas.

El centro educativo debe ir más allá de vivir en nuestra sociedad o ser un espejo de la misma. Debe educar en los valores de nuestra sociedad y reivindicar y dar voz a aquellos movimientos de respeto hacia el otro. A la diversidad, y a la no discriminación hacia personas por su género, orientación sexual o nacionalidad. La educación formal debe ser la voz de estos movimientos y hacer que los alumnos vivan experiencias que les ayuden a interiorizar estos valores.

Finalmente, en este sentido, vuelve a ser vital recordar la necesidad que tenemos de dar a la figura del profesor el respeto que merece y, si es necesario, pensar en cómo reformular también la formación de los profesionales sin caer en el desprestigio profesional. Tenemos profesionales en las aulas llenos de vocación, ganas e ilusiones. Lo que toca hacer es revisar los errores que, nosotros, la sociedad en general, cometemos diariamente en educación y que terminan afectando también a nuestro sistema educativo.

 

Espero que si compráis el libro, os inspire tanto como a mí. Desde luego ha sido una lectura inspiradora que, espero que vosotros también podáis disfrutar de ella.

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