Moderar el contenido que ven… ¿solo con los videojuegos?

En su momento ya hicimos un post sobre videojuegos, códigos PEGI y cómo saber a qué juego deberían o no jugar por su contenido. No vamos a engañarnos, muchos de nosotros jugamos juegos antes de tiempo y no ha pasado nada, pero, como padres hemos de saber seleccionar el contenido al que acceden nuestros hijos, no sólo en base a su edad, también a su madurez y capacidad para separar fantasía de realidad y tener un tono crítico en torno a lo que consumen.

Pero… ¿solo pasa con los videojuegos?



Sí, todos hemos consumido contenido que no era para nuestra edad en algún momento pero estaremos de acuerdo en que, hoy día, hay contenido más nocivo que otro y debemos tener cuidado.

Llevamos demonizando los videojuegos prácticamente desde que existen. Los videojuegos supusieron un cambio en nuestras vidas: una nueva forma de entretenimiento (y aprendizaje) que traía consigo también algunas problemáticas para el ser humano. En este sentido, como sociedad, nos enfocamos más en las connotaciones negativas que en las positivas y nos ha costado mucho llegar a poder verle el sentido positivo. Todo esto, debido no sólo a la novedad que suponían (y a la que siempre solemos tener miedo) sino también a titulares de prensa que se encargaban de explicarnos a qué videojuego estaba jugando el delincuente de turno. Afortunadamente, hemos pasado de eso y hoy podemos disfrutar de los videojuegos como lo que son.

Esta demonización ayudó a que las personas tuvieran especial atención al contenido. Supimos que teníamos que clasificar los juegos y que esto era necesario porque había tipos de contenido a los que los menores de edad no debían acceder. Pero ¿qué pasa con el resto de contenido que consumimos?

Todo contenido es susceptible de transmitir mensajes negativos. Cada artículo que leemos, cada libro, cada película o serie, nos transmite mensajes susceptibles de influirnos para bien o para mal. En este sentido, también se suele tener cuidado con el contenido televisivo que consumen los más pequeños y, obviamente, intentamos tenerlo con el contenido que se consume en internet (aunque esta aún es una asignatura pendiente). Pero… ¿qué pasa con la lectura? ¿qué pasa con los libros?

Es importante moderar también el contenido que leemos

Sí, se catalogan por edad. Hay categoría infantil, juvenil, adulto… y luego categorías por temáticas que nos ayudan un poco a entender a qué tipo de contenido vamos a acceder. El problema es cuando en el libro se transmiten modelos negativos a niños, niñas y adolescentes que acaban normalizando situaciones que no son para nada normales. Un ejemplo, es el libro After. Os dejo enlace a la crítica que hizo Iria G. Parente desde Creandoentredos.

¿Cuál es el principal problema de esto? Que estamos acostumbrados a que nos categoricen qué es adecuado y qué no. Ser padres es muy, muy difícil. Y acceder antes a todo lo que ellos juegan, ven o leen puede ser complicado. Pero, si no podemos esperar que nos moderen todo (porque no se hace) ni podemos acceder a ese contenido antes ¿qué hacemos?:

Educar (qué inesperado)

Ya lo he dicho varias veces. Para mí la educación no es más que una invitación a la reflexión y la crítica. No sólo se trata de aprender unos valores, también de saber diferencias aquello que no nos gusta de lo que sí. Esto, claro, en etapas infantiles es complicado, y la verdad, en la adolescencia también. Pero creo que, como madres y padres debemos intentar educar a nuestros hijos para que sean conscientes del contenido que consumen. Para que entiendan que, lo que ven, juegan o leen transmite mensajes negativos y positivos y para que aprendan a ser críticos con ellos. Soy consciente de que esto es una utopía, claro.

La clave, en mi opinión, es hacer una mezcla de todo: fijarnos en la categorización de contenido que se hace desde la industria. Buscar reseñas u opiniones sobre el contenido, y, una vez consumimos el mismo, hacer reflexiones sobre lo que hemos visto en él.

No se trata de meterles en una burbuja, sino de hacerles conscientes de lo que les rodea desde una perspectiva reflexiva y crítica.

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