¿Qué estudiar? Mi experiencia

 In Educación, Educación Secundaria, Pedagogía, Profesiones en educación
Llevo mucho tiempo reflexionando sobre esta entrada, a raíz de las preguntas de algunos de vosotros que me leéis y que no sabéis qué estudiar o cómo continuar después de haber terminado la carrera.
Yo no pretendo decir lo que tenéis que hacer, pero a todos os he respondido lo mismo: dedicaos a aquello que más os gusta. Descubrid vuestra “pasión” y dedicaos a ella, porque eso es lo que más salidas os dará. No estudiéis ni os dediquéis a nada por el dinero, o por las salidas laborales. Todo lo que os han contado es mentira. Las salidas laborales están allí donde las buscamos y donde nos movemos. De hecho, creo que solo dedicándonos a lo que nos gusta, aparecen esas salidas de las que tanto hablamos. 
Obviamente, habrá mucha gente que no esté de acuerdo conmigo. La cosa está mal y las personas que hemos estudiado carreras con menos salidas estamos ya muy cansadas, porque si antes de la crisis lo teníamos crudo, ahora no es que esté crudo, es que ya no está si quiera.
Pero yo, sinceramente, y siendo casi una de estas personas (pedagogía tiene muchos problemas a la hora de acceder al mercado laboral, el por qué si queréis podemos plantearlo en otra entrada) no me arrepiento de haber estudiado pedagogía.
Pero empecemos por el principio. Cuando yo estudiaba eran tiempos de LOGSE. La verdad es que tampoco me puedo quejar de mi infancia en ese sentido y en el instituto hicimos muchos proyectos novedosos que la verdad es que ahora los recuerdo y creo que eran bastante adelantados. También viví parte de la entrada de las nuevas tecnologías en el aula y mis profesores las supieron usar muy bien, es algo de lo que no puedo quejarme.
Tuve maestros realmente buenos en primaria, de esos que no se olvidan: Gloria, Mariano, Jose… y en el instituto también me acuerdo de otros tantos que me hicieron tener cariño a ciertas asignaturas. También hubieron otros que recuerdo precisamente por el desastre que suponía estudiar con ellos, pero bueno, ahí fui pasando.
En primaria sacaba muy buenas notas. En secundaria la cosa cambió un poco: estuve en la clase que por allí llamaban “desastre” y de hecho, a duras penas cuatro personas aprobamos todas las asignaturas de 3º de la ESO. Aún así hice muy buenas amigas, me libré de algunas situaciones de Bullying que sufrí en el cole, gracias a esos nuevos amigos y que, además, llegó otra chica con la que decidieron empezar a meterse.
Mi estancia en el instituto siguió su curso, recuerdo que en 4º de la ESO suspendí dos asignaturas, pero finalmente, pasé de curso limpia y las conseguí recuperar. Y ahí estaba esperándome bachillerato, donde tuve asignaturas tan interesantes como historia del arte, griego, latín, antropología, psicología… yo fui de humanidades. La asignatura que peor se me dio por esta época fue Inglés. No tanto por el profesor, ni siquiera por mí, el problema radicaba en que yo estaba acostumbrada a estudiar de memoria, y obviamente un idioma no se puede estudiar así. Pero nadie, absolutamente NADIE me enseñó a estudiar o a aprender, por lo que no cambié mi método hasta que una compañera, Ana, me dijo como estudiaba ella y en verano de 2º de Bachiller, conseguí aprobar los dos cursos de inglés que me habían quedado y me pude presentar a selectividad en Septiembre.
Pero detengámonos un poco aquí. Durante bachiller, la pregunta más normal era ¿qué vas a estudiar? y yo siempre respondía lo mismo: psicología. La respuesta a menudo era más o menos normal, menos cuando contestaba mi orientadora, a la que no culpo absolutamente de nada, obviamente ella solo quería que conociese la realidad, pero su respuesta a mi pasión por la psicología era “te vas a comer los mocos”… Y así cada vez que alguien preguntaba y yo decía “psicología” ella contestaba “te vas a comer los mocos”.
Finalmente y como habréis adivinado, no pude estudiar psicología. Tras hacer selectividad, quedaban plazas en muy pocas carreras en la Universidad de Granada y… aquí toca confesar lo inconfesable: me inscribí en pedagogía sin saber realmente lo que era. Fue mi primera opción y luego puse magisterio (no recuerdo exactamente qué rama). Me enfoqué tanto en estudiar psicología, que no tuve en cuenta que quizá debería haber tenido en cuenta otros posibles estudios, un plan B. Algo que tampoco me enseñaron a hacer.
La verdad es que ahora, mientras escribo esto, me pongo en perspectiva y en aquel momento me sentía un poco la tonta del grupo, la mediocre, con notas mediocres y conocimiento mediocre que llegó a la universidad. Este sentimiento cambió un poco conforme fui madurando a lo largo de mis estudios, pero la verdad es que en muchos momento en mi carrera volví a ser aquella niña mediocre.
Yo no le pregunté a nadie qué hacer, porque realmente no tuve cerca a nadie a quien preguntar sin respuestas negativas. Y hoy día, me encanta que me preguntéis, porque significa que tengo la oportunidad de que sintáis que podéis comeros el mundo.
Como habéis visto, yo me quedé con pedagogía. Psicología será siempre mi asignatura pendiente, me encanta, me pierde, pero una vez entré en Pedagogía vi que me gustaba aquel mundo desconocido y decidí quedarme. Conocí gente maravillosa (o no tanto) hice muchísimos amigos, me rodeé de ingenieros (informáticos), me enamoré de uno (y aquí seguimos), fui a estudiar a Salamanca un año con una beca séneca, pedí una beca para ir tres semanas a Dublín a aprender inglés… Me rodeé de gente de todas las materias, y en todos vi algo interesante, y la verdad es que me llena de orgullo decir que ahora tengo amigos médicos, ingenieros, maestros, psicólogos, filósofos, artistas, abogados, pedagogos, educadores sociales…
No soy el ejemplo de elegir aquello que te gusta, porque yo terminé eligiendo algo que no sabía ni qué era. Pero en cuanto descubrí que me gustaba, creedme, me volví adicta a ello.
Y aquí estoy, soltándoos todo esto.
No es una crítica, ni un toque de atención… es un testimonio porque realmente, yo no escogí aquello que me iba a dar de comer. Ni siquiera lo pensé. Mi cabeza siempre estuvo centrada en un punto, descubrí otro punto que me gustó muchísimo, me centré en él y ahora puedo decir que me dedico a ello, aunque desgraciadamente, me queda camino para “vivir” de ello.
La vida, poco a poco, va mostrándonos aquello que nos gusta. Psicología para mí siempre será esa espinita que algún día me sacaré, pero Pedagogía es mi vida, mi sonrisa mañanera y la de antes de dormir.
Y por supuesto, como ya sabéis los que me conocéis, las nuevas tecnologías aplicadas a la educación es ahora esa cosita que me quita el sueño y que me encanta. No sé si dentro de poco, descubriré algo que me guste tanto y decidiré enfocarme a ello, eso ya lo veremos en el futuro. Lo importante, creo, es entender que eso de “lucha por tus sueños” no es un consejo gastado. Es un consejo valioso que debemos saber interpretar en nuestra vida, porque si no luchamos nosotros, creedme, nadie nos dará nada.
Y si algo caracteriza a la juventud, es la lucha.
Así que… si acabáis de hacer selectividad y estáis leyendo esto, si habéis terminado vuestros estudios y estáis perdidos, si creéis que no tenéis nada que hacer, si no habéis estudiado, si habéis estado trabajando toda la vida y ahora no sabéis dónde buscar… La cosa esta difícil, por supuesto, pero yo os dejo mi mensajito de ánimo e ilusión. Nosotros podemos con todo ;).
Espero que con esta entrada os haya aportado algo, no sé realmente si os será útil u os he soltado todo esto y no va a servir de nada, pero tenía ganas de contaros esto.
¡Un saludo a todos!

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Comments
  • Cristina.L
    Responder

    La verdad es que, aunque hayas tenido tus devenires, no puedo conocer a una pedagoga con más motivación, pasión y vocación que tú! 😀 Yo estudié educación social y cuando terminé el instituto me pasó 3/4 de lo mismo, de hecho estaba entre trabajo social y bellas artes. Ni siquiera conocía educación social. He de decir que yo soy una apasionada de mi carrera, me encanta, me hace sentir útil. Sin embargo he pensado mil veces en dejarla mientras la hacía, e incluso después de terminarla. ¿Por qué? Sencillamente no son carreras con las que vayas a enriquecerte (al menos materialmente) y la presión de la sociedad por conseguir aquello que se supone que debes conseguir y que requieren bienes materiales para alcanzar reconocimiento y status te hacen pensar si elegiste la opción correcta. Mi respuesta a ello la encuentro en el bienestar que siento conmigo misma cuando he trabajado ¿cómo no pude elegir la opción correcta si me siento feliz haciendo lo que hago? Y sin embargo conozco a gente que ha hecho carreras por hacer algo, por tener un trabajo, pero sin sentir ningún tipo de motivación. Al final tienen un trabajo (quizás a otros nos cueste más encontrarlo :P) pero no son felices. Es cierto que no se come de la motivación, pero la felicidad y la fuerza que te reporta en el día a día para mí es tan importante como cualquier otro bien 🙂

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